Buenas noches,
Maravillas del azar, me encanta haber recibido, hace menos de una hora, el simpático documento que os adjunto más abajo; sin duda, aligerará el desagradable peso de mi entrada anterior. Este blog en sus últimas horas merece un regusto final dulce y que nos reconcilie con la esperanza, claro que sí.
El documento me lo ha pasado un excompañero de facultad que está haciendo un doctorado sobre la función fática en el lenguaje publicitario de principios de siglo XX (en lo que estamos, importa poco saber qué es eso). Se trata de un "anuncio" de Magno de una revista cultural de los años 20. Me ha hecho gracia, ese lenguaje tan inocente, esas apelaciones directas, aquella franqueza extinta... Y me conmueve la naturalidad con que se daba por hecho entonces la existencia de Magno, el buen hacer de Magno, la cotidiana disposición de Magno para ayudar en los pequeños y los grandes contratiempos. En realidad no es un "anuncio", y de ahí las comillas: fiel a su espíritu límpido, no vendía nada, sino que regalaba su apoyo, su tiempo, su fortaleza..., con la humildad de quien tiene grabado en la sangre de su conciencia que ha nacido para hacer el bien. Me figuro que tal vez cumplía una suerte de rol de ángel de la guarda, en aquellos tiempos pretéritos donde los hombres asustados se encomendaban a la Providencia. Pero ahí no había religión, no cabían los tótems, no se imponían palabras sagradas: era Magno, en carne y hueso, que no aceptaba dádivas ni esperaba idolatrías. Magno, tan grande como ahora, pero mucho más visible, para fortuna de nuestros antepasados.
Un abrazo,
Jordi Uno
