domingo, 3 de febrero de 2013

ENTRADA 3 de 3. MANGOS 4,05 € EL KILO

Pues sí. Este es Magno. Y estaba en lo cierto. Trabaja de frutero, ni más ni menos que… en El Corte Inglés. No soy nada aficionado a la publicidad, y menos a las grandes marcas que quién sabe cómo han erigido sus imperios.  Y aquí está la prueba. Así que no disfruto diciendo el nombre de estos “grandes almacenes” (tan grandes que seguro que esconden más de lo que enseñan), pero es un imperativo en aras de mi credibilidad: si afirmo algo, no puedo andarme con ambigüedades.

El caso es que al final se confirmaron las pesquisas de mi informador alrededor de Magno: un trabajo decente, una vida decente, un uniforme… blanco y verde… Vamos, todo lo que se espera de un superhéroe. Eso es lo que hacemos en este país con nuestros grandes ídolos. Los subimos a los altares y cuando ya no nos sirven, o lo que es peor, cuando molestan demasiado, los destruimos, los hundimos en el barro. Perdón… Con esto no quiero ningunear a los que, con razón, consideran suficiente gloria poseer un trabajo, decente o indecente, en los tiempos que corren. Pero con Magno no me puedo ceñir a la coyuntura desastrosa de una década desastrosa: Magno hace tiempo que revolotea, seguramente ha dado tantas o más vueltas al planeta como el planeta sobre sí mismo. Y toda esa carrerilla le ha servido para llegar a casa con olor a mangos.

Tengo sentimientos encontrados. Estoy contento porque el proyecto avanza sin dilación. Pero a la vez me he quedado algo fastidiado al descubrir a Magno en estas circunstancias. No es que esté mal, no. Pero con lo que ha representado para la Humanidad, ahora, viéndole con ese trajecito de “teatro de fin de curso”…, no sé, ¿de verdad que soy el único que exige volverle a ver ataviado con el lustre de su capa inconfundible?

Pero, venga, ¡tranquilos! Sé que volverá con fuerza. Y vendrá para cargarse a toda esta banda de mafiosos y corruptos que lo único que hacen es apropiarse de lo ajeno y putearnos cada día más. Y cuando ya no nos pueden robar más, entonces nos arrebatan a Magno. ¡A la mieeeerda todos! Anhelo el día en que Magno se enfunde de nuevo su traje vivaz y llegue “repartiendo pana” (¿os acordáis de la famosa frase que acuñó Little Prodigio?), y, básicamente, poniendo a cada facineroso en su sitio.

Bueno. Seguiremos con el tema. De momento ya tengo lo más importante: a Magno. Después de muchos meses lo he conseguido encontrar. Y, probablemente sorprendido de ver por fin una cara que le sonríe, una voz que le agradece, una mirada que le reconoce y le reverencia…, probablemente, insisto, incapaz de improvisar otra respuesta a su olvidada sensación de ídolo de masas, murmuró un entrecortado “Buenos días, ¿qué le pongo?” tras mi escueto “Hola de nuevo, Magno”. Y cuando insistí en que no me interesaban las naranjas clementinas, se encogió de hombros, cerró los ojos (adivine quien pueda lo que pasó por su lastimada memoria), suspiró, se bajó ligeramente las gafas con el dedo índice y me observó unos segundos con la calma y el ímpetu de una ola sigilosa a punto de romper sobre el espigón… Y accedió a formar parte de mi vida, ahora ya de modo irreversible. De nuestra vida. Amigos… ¡¡¡empieza la aventura!!!

Saludos.