Quedé con schopen y la entrevista fue tan breve como fructífera. Era un tipo raro, sin duda paranoico. Me avisó de que, acabada nuestra entrevista, le diera por desaparecido, y ha cumplido su anuncio: su móvil ya no da señal. Un hombre oscuro pero bien informado que quiso, quién sabe por qué, hacerme partícipe de unas pequeñas confidencias alrededor de Magno. Detestaba, como yo, el ostracismo con que se ha teñido su existencia, y me previno (como si no me hubiera dado cuenta) de la obsesión de las autoridades por mantenerle fuera de circulación. El caso es que cada día sé un poco más de Magno y cada traspié no es más que un “pause” en la progresión de mi reportaje: os puedo jurar que nadie sino yo pulsará el botón de “stop” en esta cinta hacia la verdad.
Entiendo a Magno y más que nunca lucharé por limpiar su nombre. Las trabas que le pusieron a su paso por este mundo, me las quieren endosar a mí ahora. Por eso digo, amigos míos, que dado que Magno y yo debemos sortear las mismas barreras, cuando las dejemos atrás estaremos celebrando el mismo triunfo.
Un abrazo.