Hola de nuevo,
Hoy vengo con varias sorpresas. Pero antes que nada os quiero recordar qué estoy haciendo, en qué estoy trabajando. Preparo un documental que se titulará CAPA CAÍDA, y que trata sobre la vida de Magno, el gran Magno, el superhéroe de verdad, antaño aclamado por todos, y hoy, hoy… me dan ganas de llorar… Aquel, en fin, que durante años nos protegió de los malvados y nos ayudó en infinidad de conflictos. Todos sabemos que si no hubiese sido por él, por cuántas calamidades y guerras hubiésemos pasado. La vida no es tan simple como emitir este humilde par de sílabas: el ser humano tiene la estúpida manía de estropearlo todo una y otra vez y, es evidente, Magno no ha podido estar siempre al tanto de todas estas miserias destructivas que llevamos en lo más hondo de nuestros genes. Pero allá donde fue avisado a tiempo, allá donde él mismo descubrió el germen de una catástrofe…, allá se apresuró a plantarse y detener el curso de este veneno de dolor ruin e insaciable.
Y bien, ¿qué necesito para que mi documental alcance las cotas de grandeza que merece? Varias cosas. La primera es tan elemental como encontrar a Magno. Sí, averiguar su paradero actual. Sé que será difícil y no hace falta decir que llevo muchos meses detrás de él; pero intuyo que he sabido dar con unas cuantas pistas que acabarán acercándome a él.
De hecho, cada pequeño rastro que voy hallando sobre la vida de Magno es un gran salto para el éxito de mi documental. La última joya fue el post del otro día, titulado Portugal, que ha dado mucho que hablar. Agradezco la colaboración Ana Sofia y del canal 40 de la televisión portuguesa. Además, un colega de esta cadena me ha enviado unas fotos que quiero compartir con vosotros. Se ve perfectamente a Magno en medio de la revuelta portuguesa. El valor de estas instantáneas, más allá de la evidente emoción de verle ahí, tan decidido y digno, radica en la escasísima documentación gráfica disponible hoy en día en que se pueda distinguir a nuestro amado superhéroe de forma tan nítida. Ya se han encargado de hacerla desaparecer, de taparla. De intentar (en vano, mientras yo viva), que si algo queda de su nombre, sea el eco de una leyenda indemostrable, un capricho más de la variopinta mitología homínida. ¡Bobadas! A mí no me callarán. Ay, ya me estoy alterando…, perdonad. Bueno, aquí os dejo las fotos portuguesas para que disfrutéis de ellas.
Hoy vengo con varias sorpresas. Pero antes que nada os quiero recordar qué estoy haciendo, en qué estoy trabajando. Preparo un documental que se titulará CAPA CAÍDA, y que trata sobre la vida de Magno, el gran Magno, el superhéroe de verdad, antaño aclamado por todos, y hoy, hoy… me dan ganas de llorar… Aquel, en fin, que durante años nos protegió de los malvados y nos ayudó en infinidad de conflictos. Todos sabemos que si no hubiese sido por él, por cuántas calamidades y guerras hubiésemos pasado. La vida no es tan simple como emitir este humilde par de sílabas: el ser humano tiene la estúpida manía de estropearlo todo una y otra vez y, es evidente, Magno no ha podido estar siempre al tanto de todas estas miserias destructivas que llevamos en lo más hondo de nuestros genes. Pero allá donde fue avisado a tiempo, allá donde él mismo descubrió el germen de una catástrofe…, allá se apresuró a plantarse y detener el curso de este veneno de dolor ruin e insaciable.
Y bien, ¿qué necesito para que mi documental alcance las cotas de grandeza que merece? Varias cosas. La primera es tan elemental como encontrar a Magno. Sí, averiguar su paradero actual. Sé que será difícil y no hace falta decir que llevo muchos meses detrás de él; pero intuyo que he sabido dar con unas cuantas pistas que acabarán acercándome a él.
De hecho, cada pequeño rastro que voy hallando sobre la vida de Magno es un gran salto para el éxito de mi documental. La última joya fue el post del otro día, titulado Portugal, que ha dado mucho que hablar. Agradezco la colaboración Ana Sofia y del canal 40 de la televisión portuguesa. Además, un colega de esta cadena me ha enviado unas fotos que quiero compartir con vosotros. Se ve perfectamente a Magno en medio de la revuelta portuguesa. El valor de estas instantáneas, más allá de la evidente emoción de verle ahí, tan decidido y digno, radica en la escasísima documentación gráfica disponible hoy en día en que se pueda distinguir a nuestro amado superhéroe de forma tan nítida. Ya se han encargado de hacerla desaparecer, de taparla. De intentar (en vano, mientras yo viva), que si algo queda de su nombre, sea el eco de una leyenda indemostrable, un capricho más de la variopinta mitología homínida. ¡Bobadas! A mí no me callarán. Ay, ya me estoy alterando…, perdonad. Bueno, aquí os dejo las fotos portuguesas para que disfrutéis de ellas.
Otro tema, que no se me pase. Llevo semanas entrevistando a diversos operadores de cámara con el objetivo de encontrar al ayudante perfecto que me acompañe en esta aventura. Creo que ya le he echado el ojo a uno. Sin embargo, hay un “pequeño” problema: también se llama Jordi. Uf... Ya os diré si me quedo con él. Es muy bueno en lo suyo, pero solo pensar que cuando yo triunfe, alguien pueda confundir los apellidos y regalarle a él las alabanzas… Total, que ya veré qué hago.
Y, finalmente, decir que he añadido una sección en el blog. Sobre biografías. Ahí publicaré la vida y milagros de villanos y superhéroes que han pasado por nuestra historia. Y hoy me estrenaré con el Dr. Subterráneo. Ya me puedo figurar que basta pronunciar su nombre para que empecéis a temblar. Pero no os preocupéis: lleva un cuarto de siglo entre rejas, olvidado en un habitáculo al que no entran ni sus guardianes, y la ley dejó claro que solo saldría de él con los pies por delante.
Abrazos a todos.

